¿Prescriben los médicos probióticos para prevenir la diarrea asociada al uso de antibióticos?

Una cuarta parte de los pacientes que consumen antibióticos presentarán diarrea secundaria a estos.

Una cuarta parte de los pacientes que consumen antibióticos presentarán diarrea secundaria a estos. La evidencia científica sugiere un efecto protector de los probióticos en los pacientes que reciben antibioterapia, pero los médicos no solemos prescribir probióticos junto a los antibióticos.

A pesar de las numerosas campañas institucionales que abogan por un empleo racional de los antibióticos, su consumo sigue siendo muy elevado en España, calculándose éste entre 10 y 30 dosis diarias por cada 1.000 habitantes. Este consumo es tres veces mayor en la población infantil.

En líneas generales, aproximadamente una cuarta parte de los pacientes que consumen antibióticos presentarán diarrea como efecto secundario, al provocar un desequilibrio de la microbiota intestinal. Esto puede traer como consecuencia la suspensión de la terapia antibiótica. La combinación amoxicilina-ácido clavulánico, generalmente la más prescrita, es la que causa este trastorno con más frecuencia.

La mayoría de los casos de diarrea suelen ser leves y autolimitados, aunque en los niños pequeños puede haber mayor afectación del estado general por la pérdida hidroelectrolítica. En un porcentaje nada despreciable (hasta en un 20%, sobre todo en pacientes ancianos y hospitalizados) puede evolucionar a una forma más grave, la colitis pseudomembranosa producida por el Clostridium difficile.

Algunas cepas de probióticos han demostrado su eficacia para prevenir la diarrea asociada a antibióticos. La Guía de la Organización Mundial de Gastroenterología sobre Probióticos y Prebióticos de octubre de 2011 sugiere que existe una fuerte evidencia de que Lactobacillus GG y Saccharomyces boulardii son eficaces, tanto en niños como adultos. Lactobacillus casei DN-114 001 ha demostrado eficacia en adultos hospitalizados.

La Revisión Cochrane ha concluido que la evidencia científica sugiere un efecto protector de los probióticos en los pacientes que reciben antibioterapia, existiendo cepas potencialmente beneficiosas. Su empleo es seguro para el paciente, sin que existan interacciones medicamentosas. Además, su administración es fácil y económica. Es fundamental que su utilización se realice al principio del tratamiento.

Por el contrario, los ensayos realizados hasta la fecha son muy heterogéneos, sin que puedan extrapolarse los efectos beneficiosos siendo específicos de cada cepa. Por ello es importante estandarizar protocolos con dosificación y duración adecuadas. Hay que documentar los riesgos (inmunodeprimidos), sus costes/beneficios, etc.

Sin embargo, y a pesar de la evidencia científica, los médicos, incluidos los pediatras, como nos recuerdan con frecuencia los farmacéuticos, no solemos prescribir probióticos concomitantemente cuando recetamos un antibiótico sabiendo que disminuiríamos un porcentaje importante de los pacientes con diarrea.

Con ello:

  • Podríamos disminuir la morbilidad, evitando una patología potencialmente grave en niños pequeños y ancianos.
  • Aseguraríamos concluir un tratamiento seguramente necesario para muchos pacientes.
  • Conseguiríamos reducir costes sociosanitarios, tanto para la familia como para la comunidad.

 

Referencias bibliográficas

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Acerca de Joaquín Ponce

Enfermo de Crohn desde el año 1988
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